Cuando informar no es suficiente: el arte de interpretar el patrimonio
En turismo y en cultura muchas veces pensamos que basta con poner la información “correcta”: fechas, nombres, metros sobre el nivel del mar, características geológicas, años de fundación o datos históricos. Y sí, es información. Pero informar no siempre es comunicar. Y comunicar no siempre es cautivar.
Ahí es donde aparece la Interpretación del Patrimonio, una disciplina que invita a transformar información técnica en mensajes significativos para personas reales. Esa es la diferencia entre entregar datos… o provocar que alguien levante la vista, haga una pregunta, recuerde un detalle o decida caminar unos metros más y descubrir un lugar.
La interpretación se apoya en algo muy simple y maravilloso: las personas sienten antes de aprender, y cuando sienten, recuerdan.
¿Qué hace diferente a la interpretación?
La diferencia está en las herramientas: verbos activos, imágenes sugerentes, preguntas que despiertan curiosidad y un orden narrativo que conduce al lector. El mapa, el tótem, el mural o el folleto no solo informan: cuentan un relato, generan sentido y acompañan al visitante en su experiencia.
En vez de decir:
“Puerto Montt fue fundado en 1853.”
la interpretación puede preguntar:
“¿Alguna vez imaginaste cómo sería llegar a esta bahía antes de que existieran calles, puertos y embarcaciones modernas?”
El dato sigue siendo verdadero. Pero ahora se abrió una puerta a la imaginación. Y cuando imaginación y emoción se encuentran, la información se queda más tiempo en la memoria.
Interpretar es un trabajo de equipo (y también de paciencia)
Muchas veces, desde afuera, un mapa ilustrado parece sencillo: dibujos bonitos, puntos destacados, algo de color, una frase breve. Pero lograr que todo eso conviva en armonía es un trabajo complejo.
Hay que escoger un tema, ordenar subtemas, definir jerarquías, seleccionar conceptos, decidir qué entra y qué queda fuera, y luego vincularlo con una narrativa comprensible para personas que no necesariamente conocen el territorio.
Es un poco como componer música:
la armonía no se ve, pero se siente.
Un mapa sin armonía puede entregar información, sí. Pero un mapa con armonía invita a quedarse. Y en un mundo lleno de estímulos inmediatos, ese quedarse ya es un acto extraordinario.
Por qué interpretamos en Tourmaps
En Tourmaps queremos que el visitante —y también el propio habitante— se lleve algo más que un dato. Queremos que se lleve una relación con el territorio: una emoción, una pregunta, una imagen o una historia que merezca ser contada.
Porque cuando un visitante se lleva un fragmento del territorio en su memoria, ese territorio crece. Y cuando un habitante reconoce su propio patrimonio, aparece el orgullo y aparece el sentido de pertenencia.
Ese es el objetivo de la interpretación: cautivar sin imponer, comunicar sin autoritarismo, enseñar sin moralizar y emocionar sin manipular.
Interpretar para recordar
Un buen mapa, un letrero interpretativo, un mural, un afiche o un tótem pueden sembrar semillas pequeñas: un niño que pregunta, un estudiante que se interesa, un turista que se sorprende, un vecino que vuelve a mirar su ciudad.
Y eso no se logra solo con información, sino con relatos que invitan a comprender.
Por eso la interpretación del patrimonio seguirá siendo necesaria. Porque las experiencias que tienen armonía —como la buena música— permanecen más tiempo en nosotros.